Un tornado nos deja en coma, poniendo en peligro a Sofía, nuestra hija; en paradero desconocido. Y como un ser que solo puede caminar entre sus recuerdos, en ellos la buscamos. El dolor de este trágico destino se cruza con una dolorosa casualidad: de pequeños perdimos a nuestra hermana en un tsunami.

 

La desgracia rodea a MIND y su manera de comunicarse con el jugador; aunque más que un padre buscando a su hija, es más un relato de alguien que intenta explicarse a sí mismo tras un desastre. En cierto sentido, recuerda a Silent Hill Shattered Memories y a aquel Mason destrozado por la perdida de su pequeña; pero que en realidad necesita saber quién es realmente él.

 

Un huracán arrasa Menorca, y a nosotros

 

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Como en él, la jugabilidad se divide en dos tramos: el camino a través del cual se nos narra la historia, viendo a nuestro alrededor sugerencias de nuestra mente comatosa, y de un mundo destrozado (el nuestro). El otro es el que llega con los puzzles situacionales: de cómo los efectos medioambientales cambian a nuestra merced y nos permiten avanzar; algo intrigante si recordamos que el azar de los mismos se llevaron por delante lo que más queríamos.

 

Esto es lo maravilloso de MIND: Path to Thalamus. Podríamos pensar que estamos ante otro (y formidable, ojo) Gone Home, en el que nos llevan a avanzar y explorar para encontrar los hitos que definen lo que ha sucedido en una situación determinada. Y no andaríamos desencaminados, porque en esencia lo es. Avanzamos y conocemos quién es el personaje al que encarnamos, se nos desgrana una historia y, de pronto, llegamos a un área en la que para seguir hay que desenredar un puzzle, y al conseguirlo, la historia continúa.

 

Los puzzles son parte del mismo relato, cada elemento que los compone

 

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La gracia es que, como he indicado, todos los elementos que en ellos colaboran en la narración: lo que tomamos en las manos, a dónde lo arrojamos, lo que desencadenamos con ello... todo tiene implicaciones en la trama. Controlar lo incontrolable, hacerlo nuestro y continuar. También en cómo llega el jugador a los acertijos; no se le explica qué hacer.

 

MIND: Path to Thalamus tan solo deja tiradas las piezas del rompecabezas en el suelo, y no comprenderemos cómo ordenarlas hasta entender la misma lógica del juego.. De nuevo, esto apela a la propia esencia del título: encontrarnos y comprendernos a nosotros mismos. Controlar lo incontrolable: un huracán o la mente humana; eso es MIND.

 

La manera en la que recogemos objetos evoca a otros títulos, como Portal. El recuerdo del juego de Valve está ahí en la manera de interactuar con las cosas, en cómo las presenta, en cómo juega con los elementos del escenario y en cómo se cuenta el cuento en sí: con una voz en off que nos guía y nos orienta.

 

MIND es un viaje a través de una mente rota

 

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Se trata de nuestra voz interna, que nos habla de nuestro dolor y esperanzas, de lo que piensa un comatoso que quiere salir de su mente. Hay un momento en concreto que recuerda tremendamente a las pistas de GladOS, e incluso la manera de solucionar alguna que otra situación parece sacada de Portal. Like a Rolling Stone.

 

MIND: Path to Thalamus cuenta con un diseño gráfico muy atractivo, es efectista en lo que enseña, con unas buenas luces y diseños de entornos. Presenta sueños y pesadillas, llegando a veces a mostrarnos elementos terroríficos. La ambientación es desconcertante y variada, como un juego de estas características pide.

 

La música tiene también funciones narrativas, apareciendo melodías capaces de guiar al jugador. Junto con ella, se suceden elegantemente este y otros detalles que nos llevan de la mano, pero sabiéndolo, porque somos arrastrados hacia nuestro inevitable destino.

 

La linealidad del juego es parte de sus encantos

 

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Pero no todo son alabanzas. Las físicas del juego, sobretodo si hablamos en el momento de recoger objetos, no van todo lo fino que debería. A su vez, la voz en off tiende a divagar, consiguiendo que nos cueste centrar el hilo del argumento si no estamos atentos, insiste en ocasiones en temas triviales y pasa de puntillas por otros que debería desarrollar más.

 

Pero estos defectos no empañan la certeza de saber que estamos ante un juego muy interesante, que consigue superar aquello de “los juegos de pasear no son un juego”, porque este lo es, reta; tiene puzzles enrevesados de esos de tirarse de los pelos y de exclamar “claro, qué fácil era” (así son los mejores puzzles) cuando los resolvemos.

 

El diseño de escenarios es un constante "Pero qué bonito"

 

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En definitiva, MIND: Path to Thalamus es un muy buen título, duradero para el tipo de juego que es y con unas muy buenas ideas a la hora de transformar elemenos jugables en narrativos. Como un sueño, hacia nuestro Tálamo.