Elite: Dangerous se ha tomado su tiempo para llegar a nuestros ordenadores, pues la última entrega de la saga Elite se lanzó en 1995, hace casi 20 años; y esta cuarta iteración llega 30 años justos después del lanzamiento del original. ¿Ha merecido la espera tantísimo tiempo? Sí, sin duda.

Los simuladores espaciales parecen de moda otra vez, con Star Citizen acumulando decenas de millones de dólares en financiación y No Man's Sky dejándonos a todos con la boca abierta cada vez que se publica un trailer. Elite: Dangerous es el primero de esta nueva ola de juegos en llegar, y no decepciona, aunque exige mucho al jugador.

Elite: Dangerous

Elite: Dangerous, lección primera

Lo primero que hicimos para jugar a Elite: Dangerous fue vernos los diferentes tutoriales que Frontier Develpments tiene en su canal de YouTube. Eso es, ver: sus sistemas de control y combate son tan complejos que necesitas que alguien te los explique primero para poder jugar como es debido.

Esto seguramente eche para atrás a muchas personas, y no les faltará razón: ojalá un tutorial más básico dentro del juego – hay uno, pero para cosas más avanzadillas. Y como todo Elite: Dangerous, los vídeos están en inglés, por lo que a la barrera del control se suma la del idioma. Si no te manejas bien con la lengua de Shakespeare, "este no es el juego que estabas buscando".

Una vez dentro del juego, empiezas también sin prácticamente nada: una nave muy básica que no sirve para prácticamente nada y 1.000 créditos a tu nombre, que no dan precisamente para mucho. Sin embargo, es el mejor comienzo que se puede da en este juego, pues cada conquista posterior sabrá a pura gloria.

Esta es la sensación que mejor caracteriza a Elite: Dangerous a lo largo de las innumerables horas que le echarás si tienes paciencia, la de superación, la de que realmente avanzas hacia una dirección, aunque no sepas exactamente cual. Y eso, en un juego de exploración y simulación espacial, es perfecto.

Elite: Dangerous

Space Oddity

La otra sensación de Elite: Dangerous es la de inmersión, algo por lo que muchos jugadores pasarán horas explorando el universo sin más objetivo que observar y pasar el rato en un sitio tan inmenso y antagónico. No importa si no tienes un joystick ni un Oculus Rift, el juego sigue siendo efectista como pocos en este sentido.

Abrazar esta solemne oscuridad cual un Major Tom en una lata de hojalata es algo casi instantáneo y que se ve reforzado por la sensación de distancia que, contrariamente a lo que podría pensarse, ofrecen los saltos hiperespaciales. Si de niño soñaste con ser Han Solo o el Capitán Kirk (o el Capitán Picard), este es tu juego.

Junto con los combates, injustos y cruentos y que te pueden dejar sin nada en un abrir y cerrar de ojos, estos son los placeres más inmediatos de Elite: Dangerous. Lo mejor, sin embargo, está en la profundidad jugable de un título inmenso no solo por el tamaño de su escenario.

Elite: Dangerous

Autónomo del espacio

El progreso en Elite: Dangerous es bastante corriente: saltas de estación en estación, buscando trabajos en los boletines de cazarrecompensas, cambia de una nave pésima a otra un poco menos horrible y repites el proceso mientras admiras tu propio trabajo o envidias el de los demás.

Casi parece el proceso de crecimiento de un juego de carreras, y en ciertos momentos puede parecer soporífero, pero no llega jamás a ser frustrante. Bueno, solo cuando aterrizas tu nave, que no solo es difícil y lento sino que a veces falla porque sí. No es un bug, ojo: es que tienes que poner la nave en una dirección que el juego, ay, no te indica.

No es el único problema del juego, sin embargo, que parece desde el principio pensado para los backers que están loquitos por este género de nicho, de ahí que el juego dé demasiadas cosas por hecho. No pasa nada, se aprenden a fuerza de errores, pero no podemos dejar de pensar que esto es un error en el fondo.

Elite: Dangerous

La carrera de fondo

Una vez has pasado por alto los errorcillos tontos y has empleado unas horas para asimilar y automatizar los sistemas de Elite: Dangerous, algo que algunos de los rivales que te matan casi de golpe tienen asimilado desde la primera alpha del juego, la obra de Frontier Development resulta ser un juego entretenidísimo y prometedor.

Lo mejor de todo es que no hay límites a lo que puedas ser: puedes ser un cazador de recompensas hasta que te pillen o te canses, luego ser un héroe del espacio al servicio de la Federación, puedes ser un comerciante de bienes de lujo o un minero que solo se mete a buscar minerales raros en campos de asteroides.

Pero claro, para conseguir todo esto hay que pasar por la barrera del control y de sus sistemas. Es una lástima que Elite: Dangerous no haya hecho un poquito más para hacer esas primeras horas más llevaderas y sencillas, pero también es cierto que parte de su gracia está en curtirte y ser un profesional una vez pasas ese primer trago.

Y con todo, creemos que lo peor del juego es que no da mucho de sí una vez alcanzas un nivel de conformismo con tu nave, pues las misiones no varían en exceso y la recompensa no sabe tan bien. Esperemos que Frontier vaya metiendo más contenido con el tiempo.