Mad Max es ese hijo muy deseado del que siempre habla la prensa rosa cuando hace referencia a una pareja de famosos. Y la verdad sea dicha, hace unos años no nos creeriamos que en un mismo año se lanzarían una nueva película y un primer videojuego oficial – porque Wasteland y Fallout ya existían – sobre la saga de George Miller.

Quizá por eso nos duele tanto que el videojuego no esté ni de lejos a la altura de última película, Fury Road, ni tampoco de las anteriores, ya puestos. Mad Max está desarrollado por los, hasta ahora, infalibles Avalanche Studios, que nos tenían acostumbrados a la caótica gloria de Just Cause 2, pero que en esta ocasión han errado un poco el tiro.

mad max

Mad Max no es un mal juego

No vamos a empezar a dilapidar Mad Max antes de tiempo, porque sus cosas buenas tiene. El yermo es algo bonito dentro de su soledad y de las malas vibraciones que irradia, y conducir por él es un particular gusto. No se que los controles sean los mejores del mundo, pero bastan para disfrutar de conducir y conducir.

El combate con el coche también es bastante satisfactorio. Hay cosas por desbloquear interesantes en este campo y que destacan sobre el resto de piezas que poco a poco tienes que buscar y acumular para que tu coche, el Magnus Opus, sea realmente esa obra maestra que quiere desarrollar tu fiel mecánico, Chumbucket.

Y la historia también tiene momentos interesantes, pues aunque en general es tan plana como la caracterización de Max, los últimos capítulos saben llevar muy bien el cauce de los acontecimientos. Oh, y el malo malísimo se llama Scrotus porque lleva una coquilla con un cuerno, y eso siempre ayuda.

mad max

Y hasta aquí lo bueno

Estos aspectos positivos de Mad Max a muchos pueden parecerles suficiente para disfrutarlo y escudriñar el desierto durante un par de decenas de horas, pero no lo han sido para nosotros. Ya empezamos a sospechar que no os iba a gustar cuando las cinemáticas se alargaban de forma estúpido y los objetivos te recompensaban con más cinemáticas, y no fallamos en la predicción.

Si tuviéramos que definir nuestra experiencia con Mad Max en pocas palabras, diríamos que es un juego sin gracia y con mecánicas entumecedoras que te plantea objetivos divertidos en un primer momento, pero que terminan convertidos en una lista de cosas por hacer, como invadir campamentos, recolectar partes de objetos o destruir torres.

Es irónico cómo todo lo que funciona mal en Assassin's Creed está presente, pero también cómo todo lo que puso más o menos de moda Far Cry 3 está digerido y regurjitado para cansar a la quinta vez que te toca recorrer varios kilómetros de arena para acabar con otro campamento.

Oh, y por supuesto, el sistema de combate bebe directamente de la saga Arkham de Batman, y aunque los fans de este tipo de combate quizá no lo vean como algo negativo; Avalanche ha implementado sus combos y sus contraataques de una forma tan poco dinámica que también termina resultando un trámite pesado.

Mad Max

Mantente ocupado haciendo cosas

Compararlo con Assassin's Creed es quizá lo mejor que podemos hacer, pues tanto esta saga como Mad Max comparten ese impulso por mantenerte siempre ocupado que, al menos a nosotros, nos cansa cuando no hay una recompensa real o un motivo convincente para llevarlo a cabo.

Para colmo, tienes que cuidar de tu alimentación y de tu coche, lo que en otra situación nos habría parecido lógico, pero como Avalanche ha apostado por hacerlo tan tedioso como lo es en la vida real, acabas viendo constantemente unas animaciones de Max bebiendo, comiendo o rellenando el tanque del coche que no aportan nada.

Así que, en definitiva, Mad Max ha preferido apostar por la cantidad en su planteamiento de mundo abierto, algo que a nosotros no nos va en absoluto cuando no hay un buen motor (jeje) detrás, pero que seguro que a otro tipo de jugador le parecerá suficiente y no necesitarán ese extra de motivación.

Mad Max

Las comparaciones son odiosas, pero ciertas

Nadie en su sano juicio podía exigir algo mejor que Fury Road, que ha sido una película única en tantos aspectos que repetir lo mismo en el ámbito de los videojuegos sería imposible sin la colaboración del mismísimo Miller. Como este le cerró las puertas a Avalanche Studios, por eso muchas cosas del juego no nos llegan tan directamente.

Pero eso es un problema de franquicia. Si Mad Max hubiese sido un juego más atrevido, no hubiera imitado tantas ideas de otros estudios de la propia Warner Bros. y hubiera planteado el mundo abierto con esa nueva mentalidad que ahora vemos en Metal Gear Solid V o, antes, en The Witcher III, otro gallo cantaría.

Mad Max no es un juego terrible, pero podría haber sido mejor si, por un lado, Miller no hubiera desmerecido a Avalanche y, por otro, si estos se hubieran puesto hasta las cejas de óxido nitroso y no se hubieran reservado todo lo bueno, como sospechamos, para Just Cause 3.