Decir que hacer un análisis de The Witness es difícil sería una tontería, pero en cierto modo es como nos sentimos. No es que no sepamos hacer nuestro trabajo, es que exponer todas las formas en las que este exquisito juego puede gustarnos requeriría hacer una exposición demasiado íntima de uno mismo.

Aún así, creemos que es tan sencillo como decir que The Witness es un juego imprescindible, una de esas extrañas y complejas joyas que nuestro medio recibe muy de vez en cuando y que dejan una marca que se recuerda durante mucho tiempo, como hicieran Shadow of the Colossus, Portal o Journey en el pasado.

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The Witness es algo único e impresionante

The Witness es un juego con un planteamiento y una mecánica tremendamente fácil de explicar: eres una persona en una isla solitaria y tienes que resolver los puzles que se te plantean delantes. Todos ellos tienen un mismo punto de partida: debes unir un punto de entrada y otro de salida con una línea.

Obviamente, conseguir que esa línea llegue donde debe es complicado: a veces no sabes cuál es el mejor punto de partida, otras veces tendrás que apañártelas para seguir el curso que el puzle te impone mediante ciertas pistas y otras no sabrás muy bien por qué haces la línea correcta, pero no se resuelve.

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Cada solución es una epifanía

Jonathan Blow se ha empeñado en llevar a su última expresión un planteamiento sencillo, y nos alucina que haya sido capaz de dar con cientos de puzles que implican solamente eso: hacer una línea en un panel. No hay un solo puzle que no tenga un sentido dentro de su conjunto o que no sea autoexplicativo.

Es cierto que en The Witness muchas veces no entenderás el puzle, pero eso puede deberse a que no estás viendo el puzle en toda su amplitud o que has llegado demasiado pronto y antes debes entender otros puzles para inducir qué es lo que se te está pudiendo en este.

Así que lo más normal es que la isla de este juego la explores por trozos: caminas un poco, te quedas encantado con el paisaje, alucinas con unos cuantos puzles, te atrancas, no sabes cómo seguir y te das una vuelta para hacer más puzles hasta que vuelves al que ya tenías a medias y, eureka, esta vez das rápido con la solución.

La epifanía y sentirse realizado con el progreso es algo que caracteriza a The Witness, y algo que lo hace magnífico.

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El paisaje esconde una historia

El objetivo con todos estos puzles es activar siete rayos que apuntan a una montaña donde está la conclusión del juego, pero esto no es tan sencillo como suena: hay más de siete rayos que puedes activar y es bastante probable que te dejes muchos puzles y muchos secretos por el camino.

Lo más seguro es que te dejes multitud de secretos por todo el juego. The Witness contiene algunas grabaciones y datos sueltos sobre lo que ha ocurrido en la isla, pero son documentos muy enrevesados: la mayoría son reflexiones filosóficas que apuntan a ciertas cuestiones en torno al juego y a su trama.

Es algo demasiado obtuso y complejo como para desentramarlo mientras se juega y seguramente pasemos mucho tiempo dándole vueltas a todo lo que ello supone, algo que no sabemos si es un punto positivo sobre el juego. No es que la historia esté escondida, vaya, o no solo eso. Se trata tambien de que no hay quien la entienda.

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Perturbadoramente bonito

El escenario, como os podréis imaginar, juega un papel fundamental en The Witness. Los puzles no serían lo mismo si este no formara parte de ellos. Por mucho que se resuelvan en un panel con luces y formas geométricas, muchas veces hay que tener en cuenta patrones o obstáculos del escenario para entenderlos.

Un ejemplo perfecto: un puzle nos exige cambiar de posición para ver a través de una pared con dibujos tallados solo a través de los cuales se pueden entender las soluciones a sus paneles.

Es en estos momentos cuando te das cuenta de la maestría con la que está desarrollo The Witness: solo un genio obsesivo podría haber empleado casi todos los aspectos de su juego para ayudar en la resolución de puzles. Hasta las nubes o el sol tienen un papel en este juego.

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The Witness es un juego fundamental si valoras este medio

Si tenéis 40 euros ahorrados para otro juego, os recomendamos invertirlos en The Witness. Si vuestra mente está abierta a nuevas experiencias y queréis explorar lo que puede dar de sí el videojuego como medio, gastarlos en este juego va a ser la mejor decisión que tomés a comienzos de este año.

A pesar de lo poco amigable que parece ser Jonathan Blow, parece que su genio sigue funcionando tan bien como en Braid y que The Witness no es sino otra demostración de lo que se puede hacer cuando renuncias a todos los compromisos y haces algo puro. The Witness es un videojuego sin adulterar.