Los juegos de velocidad y de carreras están cortados por el mismo patrón: cambian las formas, el nivel de simulación o arcade pero al final lo que importa en todos ellos es que nosotros seamos los que llegamos primeros a la meta. ¿Qué pasa cuando un juego cambia todo eso? Descúbrelo en nuestro análisis de Onrush.

Nuestro análisis de Onrush, un juego de velocidad diferente

Onrush no propone carreras clásicas en las que lo importante es ir el primero o tratar de cruzar la línea de meta en primera posición. En Onrush no hay línea de meta y, por no haber, ni siquiera hay posiciones. Aquí lo que importan son los puntos y trabajar en equipo para conseguir lograr la victoria.

Las carreras de Onrush enfrentan a dos equipos, cada uno de ellos con distintos corredores y diferentes tipos de vehículos. Para conseguir puntos, que son los que nos garantizarán las victorias en las rondas y en la carrera, habrá que machacar a los rivales.

Análisis de Onrush

Se acabó ser benévolos con los rivales

Aquí no hay que conducir bien e intentar no chocar con los rivales, sino todo lo contrario: la mejor manera de obtener puntos en Onrush será acabar con nuestros rivales estampándolos contra las paredes o cayendo encima de ellos en los saltos. Así es como se juega en Onrush.

Hay diferentes modos de juego que varían un poco la manera de obtener puntos, pero en general el objetivo es el mismo: tratar de compenetrarse lo máximo posible con los compañeros para tratar de acabar lo más rápidamente posible con los rivales.

Análisis de Onrush

Cada vehículo, unas reglas

El aspecto más curioso de Onrush no solo es el de cambiar el sentido de las carreras que conocemos hasta ahora, sino que también necesitas conocer todos los vehículos y tener en cuenta sus habilidades y características especiales. Cada coche o cada moto servirá para una función diferente dentro de la carrera.

Hay vehículos especializados en la destrucción de los rivales, otros en aportar más poder a los compañeros conduciendo cerca de ellos, otros más centrados en las piruetas, otros en facilitar caer encima del rival en los saltos... hay que dominar y conocer cada vehículo

Análisis de Onrush

Pero al final, no funciona del todo

El problema de Onrush es que lo que parece funcionar muy bien sobre el papel no lo hace en la práctica. Las carreras se convierten en un caos ingobernable donde parece predominar el azar y la suerte por encima del saber hacer de los miembros del equipo.

Tampoco es fácil compenetrarse con los compañeros por ese caos, y aunque es cierto que se pueden hacer combos y buenas combinaciones de equipo, en la mayoría de ocasiones no entenderemos muy bien lo que está pasando en pantalla. Una auténtica pena, pero es la realidad.

Onrush es un juego divertido y entretenido, que puede convencer a quienes buscan una experiencia de conducción diferente. Sin embargo, su planteamiento se viene abajo una vez nos introducimos en sus carreras caóticas.